“México asesta un nuevo golpe al narcotráfico con la detención de 15 personas”, titulaba el diario español El Mundo el 20 de octubre de 2008, dando pie a una información que acompañaba de los quince detenidos expuestos en el hangar de las dependencias de la Policía Federal en Iztapalapa. El texto de la información, difundido a nivel internacional entre otras por la agencia de noticias EFE, decía textualmente:
“La policía mexicana detuvo en la capital mexicana a 15 presuntos miembros del cártel de Cali (Colombia), entre los cuales hay once personas de origen colombiano, un estadounidense y un uruguayo, informaron las autoridades. Los presuntos narcotraficantes, entre los que hay cuatro mujeres, fueron detenidos cuando celebraban anoche una fiesta en un domicilio en la zona conocida como Desierto de los Leones, en los límites del Distrito Federal. También se detuvo a nueve personas dedicadas a labores de servicio en la casa, cuya relación con hechos delictivos será determinada por las autoridades. Funcionarios de la Secretaría de Seguridad Pública federal (SSP) y la Procuraduría General de la República (PGR, Fiscalía), explicaron en rueda de prensa que entre los detenidos está uno de los presuntos cabecillas del cártel de Cali, el colombiano Teodoro Mauricio Fino Restrepo, alias ‘El Gaviota’. Según las investigaciones este sujeto comandaba el tráfico de cocaína hacia México vía marítima. Con esta operación «se rompe uno de los principales abastos de droga, dinero y armas provenientes de Sudamérica», afirmó la responsable de la Subprocuraduría de Investigación Especializada en Delincuencia Organizada (SIEDO), Marisela Morales. El operativo es uno de los más importantes realizados en los últimos años, agregó.




Todo era mentira, todo era un montaje para encubrir uno de los episodios más espeluznantes de la novela que la doctora narra con detalle en primera persona. Aquella detención fue el pistoletazo de salida del auténtico infierno vivido en los calabozos de Iztapalapa que se alargaría más de dos meses con un final muy incierto que marca otro de los puntos de inflexión del relato. Así lo empieza narrando la doctora en las páginas de la novela:
“En esas condiciones nos trasladaron a una de las estaciones de policía más grandes de la ciudad, en el distrito de Iztapalapa, con unas instalaciones enormes, para empujarnos hacia unos calabozos infrahumanos en los que pasamos una primera noche horrible. Al poco tiempo, nos sacaron engañados a la rueda de prensa. Otra fecha marcada en negro en mi calendario. Fue el domingo 19 de octubre. Los tres días y las dos noches en el Desierto de los Leones fueron tan tenaces como aquel momento horroroso de los flashes. Al salir de los calabozos, nos metieron en unas camionetas y accedimos a un hangar grandísimo. Lo primero que vimos al bajar fue que allí tenían los helicópteros de la Policía Federal parqueados y muchos policías que en realidad nos estaban esperando para realizar la rueda de prensa. Nos mintieron diciendo que nos iban a trasladar, porque desde luego que si sé que voy a eso, me resisto. Puede que mi vida no haya sido un ejemplo moral para según qué creencias o estereotipos sociales, pero jamás admitiría voluntariamente comparecer a una rueda de prensa como si fuese una terrorista”.
Les invitamos como siempre a descubrir los detalles de esta impactante historia a través de las páginas de La caleta del Jaguar.

