Una experiencia cercana a la muerte vivida por Sofía Otero, la Doctora de la Mafia, es el gran punto de inflexión en la trama basada en su vida que sigue la novela La caleta del Jaguar. Es mucho más que eso, es la inmersión, de mano de la protagonista, en un tema intrínseco a la propia historia de la humanidad: ¿es morir el final de todo? ¿Qué nos espera después del fallecimiento físico? A raíz del suceso que casi le cuesta la vida, este tema despierta el interés de Sofía, una persona que toda su vida había pensado, según sus propias palabras de un párrafo del libro, que no había nada más allá de esta vida. Es por eso que el lector va a recibir mucha información al respecto, con un clímax final relacionado precisamente con la pieza principal del tesoro del Jaguar, cuyos enigmáticos poderes plantean una pregunta retórica, pues la respuesta es obvia en la escena de la novela donde se describe su descubrimiento: ¿Es esta pieza una puerta abierta a una dimensión desconocida, al llamado reino de los cielos de la religión cristiana? ¿Es una prueba irrefutable de la existencia del más allá?
Este es un párrafo de la novela en el que queda claro cual fue el pensamiento de la Doctora de la Mafia en sus años de vida loca:
«Pensaba que la muerte era simplemente eso, el interruptor apagado, la flor presta a convertirse en polvo, el final del camino, el final de todo, en una palabra, el final. Mi mente no albergaba temor por ello ni sacaba en ese momento más conclusiones que la idea de tratar de evitar o aplazar a toda costa el día que el chacal Anubis me fuera a visitar, como solía decirme mi gran amigo cairota Mustafá. Por eso tocaba no dar papaya. No era por temor a lo que viniera detrás, ni al juicio de Osiris, ni al del Jesucristo, ni al de Alá, estaba segura de que detrás no había nada más, yo creía más en el cannabis que en Anubis; era por unas ganas locas de aferrarse a la vida, de querer vivir más. Por eso vivíamos con derroche y desenfreno, convencidos de que la llama debía crepitar con intensidad, que la pasión había que llevarla al límite, sin prejuicios ni complejos, porque un día estabas, de repente al otro no. No había tiempo que perder y sí mucho billete que gastar».



Este otro párrafo revela la evolución en la vida de la protagonista después de su experiencia cercana a la muerte y de sus investigaciones sobre el tema:
«Algún día me acostaré y no me volveré a levantar. Volveré a ver esa luz, pero esta vez nadie me ordenará regresar, porque para entonces ya habré cumplido mi verdadera misión, mi propósito en este mundo terrenal. Será una muerte dulce, porque no tengo miedo, porque no temo, no puede temerse a la muerte cuando uno ha visto ya que morir es un placer, que resucitar es volver a nacer»
Es más que evidente la conversión de esta persona a raíz de su propia experiencia y de lo que el destino le llevará a descubrir en la última misión que va describiendo la trama de la novela, que como siempre les invitamos a descubrir a través de la lectura.

