“Pensé que la muerte era otra cosa. Podrían matarme en la vuelta, pero no puedo tener miedo ahora que sé que morir es un placer, que resucitar es renacer”. Esta frase de la narración de la novela La caleta del Jaguar, resaltada en un sumario en la contraportada del libro, alude al gran punto de inflexión de la trama, al acontecimiento que parte la vida de Sofía Otero en un antes y un después, que transformará definitivamente su vida. Un acontecimiento marcado por una luz intensa, surgida desde la oscuridad que se genera bajo el agua del mar, una luz que se asocia a una dimensión superior.

Una luz fulgurante surge debajo de las aguas del océano
Las personas que han pasado por una experiencia cercana a la muerte similar a la experimentada por la Doctora de la Mafia sufren también un cambio radical respecto a su perspectiva de la muerte física y a la explicación del fenómeno de la resurrección, base principal de la fe cristiana, que cada año conmemora precisamente en los días de Semana Santa la pasión, muerte y posterior resurrección de Jesús de Nazaret.
En uno de los párrafos de la novela, la doctora evoca precisamente la resurrección de Jesucristo tratando de evocar la tremenda experiencia que ella vivió bajo las aguas del Caribe, en un accidente mortal de necesidad del que ella milagrosamente sobrevivió luego de entrar en trance y acceder a esa otra dimensión de extrapolación del alma, similar a muchos otros testimonios que ella posteriormente se encargó de recopilar. La narración dice textualmente:
“(…) Tiempo después, ávida de respuestas a lo que me había ocurrido, leí una descripción atribuida a uno de los soldados romanos encargados de custodiar el sepulcro que acogía el cadáver de Jesús de Nazaret. Cuando tuvieron que dar explicaciones a su tribuno de por qué habían fallado en su vigilancia, ellos hablaban de “un resplandor intenso y cegador que irrumpió en la oscuridad”. Lo describieron como un sol en la noche. Luego ya no recordaban mucho más, solo que aquella energía partió la cuerda que sellaba la caverna sepulcral como si fuera mantequilla y desplazó aquel enorme pedrusco como si se tratase de una pluma. Al día siguiente el cuerpo del nazareno ya no estaba. La luz lo había resucitado.
Esa descripción del sol en la noche era lo más parecido a la luz fulgurante que yo vi bajo el mar, suspendida en un universo paralelo, cuando mi cuerpo empezaba a despedazarse y mis pulmones empezaban a encharcarse. (…)”.

Imagen a la que alude Sofía Otero en su evocación de la luz fulgurante que vio en su propia experiencia cercana a la muerte
Esta es una de las partes más interesantes de la novela. La trama se enriquece con la propia investigación de la doctora de lo que le había sucedido en aras a que el mundo la creyera. Como botón de muestra este párrafo: “(…) La muerte no es el final, es solo un cambio de estado, es una frontera. Muchos toman esta aseveración como un acto de fe, creen en un ser superior y en el más allá. Yo descubrí que la creencia en el alma disociada del cuerpo es mucho más que una cuestión de fe. Además del rigor histórico de los escritos bíblicos, la resurrección va más lejos de la religión. La ciencia ha hecho sus indagaciones. Las almas de las personas que han sufrido una muerte clínica abandonan su cuerpo y pueden observar escenas de lo que está pasando a su alrededor en el mundo real, así de concluyente fue la tesis de un grupo de investigadores científicos holandeses (…)”.
Les invitamos como siempre a que descubran este y otros aspectos de esta apasionante novela a través de las páginas de La caleta del Jaguar.
