En el Mundial de México de 1986 Diego Armando Maradona tocó el cielo con las manos, elevó su categoría de humana a divina para miles de aficionados, tanto argentinos como de otras nacionalidades, dispersos por el mundo. Uno de sus muchos devotos incondicionales era uno de los duros del narcotráfico caleño, uno de tantos amigos íntimos de Sofía Otero, la protagonista de La caleta del Jaguar, la Doctora de la Mafia.
En una parte de la novela, precisamente la que introduce la subtrama de la longeva y estrecha relación del Diego con el narcotráfico colombiano, Sofía aborda por primera vez esta parte de su vida luego de darse de bruces con algunas de las camisetas que su amigo le regaló, colgadas en un rincón de su casa de Cali. Ella sería la herramienta que el destino eligió para conectar a Maradona con su narcobenefactor valluno. Este es el párrafo que introduce dicha subtrama:

En el trayecto desde el gran salón adyacente, donde estaba tumbada frente al televisor, justo en la puerta de la salita, la vista se me fue hacia la izquierda, hacia la pared de la escalera de caracol que da acceso al garaje, donde tengo colgados tres cuadros con sendas camisetas de fútbol enmarcadas, dedicadas y firmadas. Clavé la mirada en aquel dorsal número 10.
Se lo dije a Mustafá en más de una ocasión. Ese dios suyo que reparte el juego del destino se lució conmigo. Shai firmó una de sus obras maestras en un hotel de lujo de La Habana. Mi historia con Diego Maradona es digna por sí misma de todo un relato en el que no falta dramatismo. Es la historia oculta de una particular relación de Maradona con Colombia, sostenida por el dinero del narcotráfico caleño, que nació bajo el sol radiante del Caribe y no tuvo un final feliz. Su partida todavía supone un pellizco de dolor constante en mi corazón.
Son los primeros párrafos de las muchas páginas que la novela dedica a narrar esta particular historia entre el astro argentino y la doctora, que como ella misma dice, es de por sí digna de un volumen propio, si bien en La caleta del Jaguar se trata de manera muy amplia, desde aquel primer encuentro, justo en los inicios del siglo XXI, el día que el destino unió los caminos de Maradona y Sofía Otero, hasta la muerte del ex futbolista justamente veinte años después, los que duró aquella peculiar amistad llena de anécdotas.


