EL VÍNCULO DE LA DOCTORA DE LA MAFIA CON EL NARCO EN MÉXICO: LA GUERRA DEL CÁRTEL DE SINALOA Y EL BARBAS: EL PRINCIPIO DEL FIN

Extraemos algunos párrafos de la novela La caleta del Jaguar en los que se nos introduce en la parte de la trama en la que Sofía Otero planea mudarse a México para seguir con su mismo modus operandi, su estilo de vida tan peculiar. Así lo va narrando en primera persona: 

“La doctora de la mafia se disponía a exportar sus servicios médicos y su talento comercial desde Sudamérica a Norteamérica. Al margen de mi actividad profesional como doctora, a lo largo de los años me dediqué a sacarle partido a mi nutrida base de datos de nuevos ricos y me dediqué a comerciar con obras de arte, joyas o relojes. La venta de joyas la despachaba desde la época de mi spa de Bogotá gracias a mi alianza con Martín Sierra, el joyero que había conocido por mediación de Juanita, y la repetí con los paramilitares. Sierra me mandaba mercancía que yo revendía con un incremento muy generoso, sin que nadie me regateara el precio. A saber el dinero que le hice ganar con los narcos y los paras. 

Empecé a pensar en México al regreso del último encuentro en el monte con el Mellizo fugitivo. Él mismo me lo sugirió. Empecé a viajar con la idea de abrir nuevos horizontes, de buscar un cambio, de tantear para ver si era por allí que debía dar un golpe de timón. No me quedaba más alternativa que buscar una salida huyendo del país. Lo que no podría es huir del karma. (…) Había mucha gente de sobra conocida para los duros mexicanos que me avalaba, como podía ser Chupeta o el clan de los Montoya, a quienes pedí que me contactaran con el man de Tuluá que nos había acompañado a Machu Picchu. (…) En poco tiempo hice una buena clientela que incluía a reconocidos capos como Arturo Beltrán Leyva, el Chapo Guzmán, alias el Azul y alias el Inge entre otros, a los que traté personalmente con puros tratamientos estéticos a título individual y en equipo con mi gran mentor, el doctor Ernesto Gómez Serna, el mismo que llevé a Cuba para atender a Maradona. (…) Me preguntaba a cada rato el porqué de tanta parafernalia de guaruras y armas en la comitiva. Respondía con una mentira piadosa acerca de la inseguridad en México para la gente tan adinerada, pero notaba en el semblante de su rostro que no se comía el cuento”.

LA GUERRA BELTRÁN LEYVA – SINALOA

El flirteo de la doctora con alias El Barbas y el por entonces aliado clan de Sinaloa iba a prolongarse lo suficiente como para que se atravesara una guerra feroz entre los socios, que a la postre acabaría haciendo tocar fondo a la doctora en el episodio del escándalo del Desierto de los Leones, que como tal tiene un capítulo en la novela.

Arturo Beltrán Leyva, alias El Barbas, cuyo ascenso y posterior ruptura con el Cártel de Sinaloa marcaron un antes y un después en la violencia del país mexicano. Arturo, junto con sus hermanos, formó parte de la alianza que unía a los principales líderes del narcotráfico, incluyendo a los fuertes de Sinaloa: Joaquín El Chapo Guzmán Loera e Ismael El Mayo Zambada. Los proveedores colombianos hicieron de enlace a la doctora para tomar tan adinerados pacientes y clientes a la vez, a los que, como ella misma narraba, vendía joyas, arte y otros artículos de lujo. 

Sin embargo, al poco de empezar a viajar a México y de establecer la relación comercial con los narcos mexicanos, con la intención de mudarse definitivamente, se produjo la fractura entre los socios y el inicio de una guerra cruel y sangrienta, como siempre en estos casos, con el detonante de una traición.

En mitad de esa guerra, la gente de Sinaloa preparó un operativo, de la mano de fuerzas de seguridad corruptas al servicio del cártel, con el objetivo de dar de baja a un narco colombiano, que tiempo atrás, como se narra en la novela, se había cruzado en la vida de la Doctora de la Mafia. Se estaba gestando uno de los grandes puntos de inflexión de esta historia: el momento de tocar fondo definitivamente, el momento en el que ese karma empieza a cobrar facturas. 

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