“La pelota no se mancha”. ¿Quién no recuerda la famosa frase del Diego en su partido homenaje en La Bombonera? Lo que casi nadie sabe es que ese partido llegó a celebrarse, ese homenaje llegó a organizarse y esa frase llegó a inmortalizarse gracias a la intrahistoria que hay detrás de ella, que se cuenta en La caleta del Jaguar y que tiene a Sofía Otero y al narcotráfico colombiano como protagonistas y actores necesarios para que aquello sucediese.

En las páginas de la novela se cuenta con detalle cómo actuó ese destino. Baste como botón de muestra para este blog algunos párrafos, como siempre en la narración que el autor emplea en primera persona en la boca de Sofía Otero:
«Cuando lo conocí estaba con sobrepeso, pero no se veía mal. Era un hombre de complexión gruesa. Sin embargo, conforme iba pasando el tiempo, como consecuencia de la adicción y de su vida desordenada de hábitos alimenticios y alta ingesta de alcohol, su peso empezó a crecer y nosotros nos empezamos a asustar, porque no daba la impresión de que fuera a hacer nada al respecto, se dejaba llevar, así fuera consciente de que aquello era un gran riesgo para su salud. No estaba todavía mórbido, si bien no era raro intuir que no demoraría en estarlo, porque la cantidad de coca que se metía no le privaba del apetito, al contrario, comía más por ansiedad.
Lo que el juicio no le alcanzaba por motivos de salud, le alcanzó por el fútbol. Maradona anunció su retiro en octubre de 1997, antes de conocerlo. Lo hizo siendo jugador de Boca Juniors, después de un clásico del fútbol argentino ante River Plate. El partido homenaje se fue aplazando, hasta que quedó fijado para el 10 de noviembre de 2001 en el estadio de La Bombonera. El problema era que la fecha no estaba tan lejana y él seguía obeso. Diego reaccionó cuando vio que su partido homenaje podía caerse. A mediados del año 2000 había participado, con muchísima dificultad de movimientos, en sendos homenajes en Múnich a Lothar Matthäus y en Montevideo a Carlos Aguilera. Un año después, la situación era dramática. Su sobrepeso había aumentado, luego se complicaría con una lesión de rodilla. Eso provocaba una gran fatiga e imposibilidad de correr. Desesperado, recurrió a nosotros para tratar de revertir esa situación. Me suplicó ayuda, con los ojos aguados, porque daba por sentado que si de Coppola dependiera, el homenaje se iba al carajo, palabras textuales suyas.
Le transmití todo eso a Esteban, quien no dudó ni un instante en decir que sí. Hacía cualquier cosa por su ídolo, sin importarle lo que le pudiera costar. Nos pusimos manos a la obra para organizar el viaje y tratarlo en Cali. Aquel año se iba a disputar en Colombia la Copa América de fútbol, coyuntura que en principio podía facilitar las cosas. Sin embargo, se produjo un hecho sin precedentes, Argentina renunció a participar, debido a las condiciones de inseguridad del país. Colombia atravesaba graves problemas de violencia interna por causa del conflicto, lo cual puso en peligro hasta última hora la organización del evento. El plan B fue proponerle a Diego que asistiera como invitado de honor a la final en el estadio El Campín de Bogotá, para desplazarse después a Cali, donde se sometería al tratamiento de reducción de peso. No estaba segura de si esa era la mejor idea. Era como llevar a un diabético a la capital azucarera. A pesar de la motivación del partido, no sabíamos qué iba a suceder. Diego aceptó».
Descubra el resto de la intrahistoria de la estancia de Maradona en Cali para preparar aquel partido en las páginas de La caleta del Jaguar, como la intervención del narcotráfico colombiano fue decisiva para que ese partido se pudiera celebrar.


